Cuando perteneces a la comunidad LGTBI, hay realidades que con las que estás familiarizado, pero que resultan completamente ajenas a quien no es parte de ella, incluidos los profesionales jurídicos.
Es lo que sucede con el chemsex, una práctica peligrosa, cada vez más extendida, que debería ser tratada como un auténtico problema de salud pública, pero que es desconocida para la mayor parte de la sociedad. Una ignorancia inadmisible que debería atajarse a la vista de su poder destructivo y su, cada vez, mayor incidencia.
El término chemsex, de origen anglosajón, surge de la unión de las palabras chems (chemicals) y sex, y es definido por el Ministerio de Sanidad como el uso intencionado de drogas para tener relaciones sexuales con varios varones por un período largo de tiempo, que puede durar desde varias horas a varios días, practicado, en su inmensa mayoría, por hombres gays, con la finalidad de aumentar la intensidad y el placer sexual. Generalmente, se acomete en domicilios particulares donde varios hombres se reúnen tras haber entrado en contacto a través de apps de citas.
Las sustancias que se emplean en estos encuentros son muy variadas: GHB/GBL, mefedrona, metanfetamina, poppers, cocaína, ketamina, éxtasis y Viagra entre otras, siendo habitual el policonsumo, con el que los riesgos se multiplican.
La ingesta combinada de estas sustancias, durante horas o días, lleva a quien participa en una sesión de chemsex a perder los límites personales y participar en prácticas sexuales en las que las barreras de protección son inexistentes, lo que supone exponerse exponencialmente a contagiarse de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Según los resultados del U-Sex Study, entre los hombres que habían participado en sesiones con práctica de chemsex, el 82% refirió haber sido diagnosticado de alguna ITS, como sífilis, gonococia, VIH, clamidiasis y hepatitis C.
A la gravedad de estas infecciones se une el alto riesgo de dependencia y adicción. Según un estudio presentado por investigadores españoles en el XIX Congreso de la Sociedad Clínica Europea de Sida (EACS), la prevalencia del riesgo de consumo problemático de drogas en este contexto asciende al 80%.
Tampoco se debe perder de vista que este fenómeno es origen de numerosas conductas delictivas, por lo que los jueces penalistas debemos ser conocedores del concepto de chemsex y sus implicaciones.
Así, el consumo abusivo de estas sustancias coloca en ocasiones al consumidor en una situación de inconsciencia que puede convertirle en víctima de una agresión sexual, en las que las que la transmisión de las ITS mencionadas es altamente probable. Asimismo, los delitos de tráfico de drogas relacionados con el chemsex crecen al mismo ritmo en el que lo hacen los mismos encuentros, y así lo atestigua mi ejercicio profesional. Además, la variedad de sustancias que se consumen en las reuniones de chemsex, y su larga duración hace que los criterios tradicionales para la delimitación entre autoconsumo y tráfico deban ser revisados.
En este sentido, el chemsex, sobre todo a raíz de la pandemia, durante la que la sensación de soledad se enquistó y el consumo de drogas no se podía acometer en locales de ocio nocturno, se incrementó alarmantemente, una tendencia que continúa en la actualidad. Así, entre enero de 2021 y julio de 2022, el aumento de personas que fueron atendidas en la Comunidad de Madrid por adicción al chemsex fue del 602% en relación a 2017 y 2018, según ERESVIHDA.
Las razones detrás del chemsex son multifactoriales, pero en la base de todas ellas siempre palpita la homofobia y la huida del rechazo. Un estudio de, entre otros, Bourne A, “The Chemsex study”, de 2014, señala como los motivos que impulsan varones gays a participar en este tipo de encuentros la soledad; sentir una mayor libertad sexual; superar problemas de intimidad, y de miedo al rechazo; la homofobia internalizada; y la estigmatización sobre el VIH.
Es decir, lo que subyace en el chemsex es el deseo de evasión, de libertad, de aceptación, de pertenencia a una comunidad que sí acoge a quienes, en el marco social general, son rechazados y discriminados. Resulta que, en 2024, cuando todos pensamos que, en la comunidad LGTBI todo está conseguido, cada vez más personas se instalan en una situación de auténtico peligro para su salud física y psíquica con la finalidad de huir de una realidad que, en ocasiones, resulta insoportable. El chemsex no es sino una consecuencia de una persecución que, si bien hoy no tiene la brutalidad que tuvo en tiempos pasados (afortunadamente), sigue existiendo en muchas familias y sectores sociales, políticos y religiosos. Por ello, la aproximación hacia la solución debe ser doble, siempre desprovista de prejuicios y moralina. Por un lado, se debe seguir trabajando en la educación y la formación social, con la finalidad de acabar con una homofobia que muchos no ven, pero quienes somos homosexuales seguimos sufriendo en comentarios, burlas, bullying escolar y laboral, e incluso agresiones físicas y asesinatos. No olvidemos el caso de Samuel Luiz, asesinado en 2021 en A Coruña de una paliza, por el cual se ha abierto juicio oral y en el que la Fiscalía ha apreciado la agravante de discriminación por condición sexual.
Por otro, se debe abordar el problema, como adelantaba, como una cuestión de salud y seguridad pública. Formar a los colectivos médicos, jurídicos y sociales implicados y ayudar a los hombres adictos a estas prácticas a salir de ellas con soluciones específicas y basadas en las razones que han dado lugar a la propagación y el afianzamiento del chemsex.
Solo cuando la sociedad, y, por ende, los responsables políticos, se den cuenta de que no nos encontramos ante un problema marginal que afecta a personas que no importan, sino de una epidemia que está acabando con hombres jóvenes cuya vida es tan valiosa como la de cualquier otra persona, podrá encontrarse un remedio que no pase por una mayor estigmatización.
Por CARLOS VIADER CASTRO, Letrado del Gabinete Técnico del Tribunal Supremo.
Descargar artículo (pdf) Estigma homofobia y chemsex – Revista Igualdad AJFV 17 – Junio 2024
Artículo publicado en la (descargar pdf) Revista Igualdad AJFV 17 – Junio 2024
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